Leyendas

La Leyenda de las Gatas Carey y el eclipse Solar

Ayer, 26 de Diciembre de 2019, el mundo miraba al cielo en busca del eclipse solar anual que tuvo lugar. Lamentablemente para mí, desde el lugar en el que vivo no era visible pero lo pude ver en directo desde aquí.

Dicen que, astrológicamente hablando, los eclipses solares son período de muerte pero, este año, coincide con el momento en el que el Sol vuelve a moverse (al ser el último día del solsticio) por lo que también es un día de vida, de nacimiento. En otras palabras, fue el día en el que el Sol renació. Un día lleno de misticismo y energía, perfecto para la manifestación. Ejemplo claro de esto es la preciosa leyenda que nos llega desde América sobre las gatas Carey.

¿Quiénes son las gatas Carey? Bueno, son una especie de gatas caracterizada por dos elementos: Son, en su inmensa mayoría, hembras y poseen un pelaje tricolor. Y es que, tras este hermoso pelaje, existe una historia que une a estos animales y al astro rey.

La Leyenda de las Gatas Carey

Cuenta la leyenda que el Sol miraba a la tierra con curiosidad. Guardaba la vida que había en ella, siempre vigilante y, sin embargo, no sabía realmente lo que significaba VIVIR.

-No puedes bajar – Le decían. -Sin ti, la Tierra, ese lugar que tanto amas, moriría.

La leyenda de las gatas carey

-Pero la Luna… Ella podría ocupar mi lugar. Ella podría ser Sol y yo, por fin, cumpliría mi sueño.

-La Luna es la reina de la noche, por eso son frías. Tú, Sol, irradias el calor que la vida necesita. Ella no puede sustituirte en eso. – El Sol comprendía las palabras que le decían. Realmente lo entendía pero… Eso no hacía que su curiosidad cesara.

Así pues, durante un frío atardecer de Invierno, en el que Luna y Sol coincidieron en el firmamento, el Sol convenció a la Luna de que ocupara su lugar. Que lo sustituyese durante un corto período de tiempo para poder bajar a la Tierra y descubrir, realmente, lo que significaba vivir.

-Tendrás que buscar un huésped. Algún ser que pueda albergar tu esencia, pues nadie debe verte en el territorio mortal. Y no esperes que me quede mucho tiempo en tu lugar. Prefiero la oscuridad de mi reino a la luz del tuyo.

– Tranquila, Luna. Sé exactamente lo que hacer.

Así pues, tal y como habían decidido, al día siguiente, cuando el Sol brillaba en lo más alto, la Luna apareció antes de tiempo y las personas miraron asustadas al cielo. El Sol… El Sol se estaba apagando. Su luz parecía esfumarse. El eclipse había comenzado. El Sol negro reinaba.

Lo que las personas no sabían era que el astro soberano, ahora, estaba entre ellos. No, no era un humano. No eran lo suficientemente puros o fuertes como para contener su esencia. Por el contrario, el Sol había decidido ocultarse en el ser más perfecto que podía vivir en aquel hermoso lugar: Una gata negra.

Eran astutas, invisibles a plena luz del día. Conocían los secretos de las calles y de los humanos. Podían ser dóciles y, al mismo tiempo, independientes y feroces. Sí, eran criaturas impresionantes. Y, además, como él, durante algunos meses al año vigilaban una vida que dependía de ellas.

El Sol había cumplido su sueño. Estaba en aquel lugar que para él era tan lejano como misterioso. Pudo sentir las vidas que crecían en el interior de aquel animal. Caminó por entre las calles, maravillado ante el ingenio allí desplegado. La gente estaba aterrorizada por su ausencia, corrían a pasar lo que creían que serían sus últimos momentos con sus seres más queridos. Eso fue lo que cautivó al Rey Sol: la ternura y el amor del que estaba siendo testigo.

Puede que no fueran sus criaturas las que estaban en su interior pero las sentía como suyas. Sí. Puede que en la tierra hubieran horrores pero aquel amor… Aquello hacía que su trabajo valiera la pena.

La leyenda de las gatas carey

Era tal su asombro por aquel reino que no se percató de que la Luna, aburrida ya y consciente del daño que podía causar si se quedaba más tiempo en el lugar del Sol, había comenzado a moverse. Reclamando su vuelta al firmamento. Fue tan rápida su marcha que olvidó alguno de sus rayos solares en el interior de aquel majestuoso animal, dotándola, a ella y a su descendencia, de un pelaje tan peculiar como extraño: Era negro como la noche pero también poseía los tonos rojizos y anaranjados característicos del Sol.

*Esta es una adaptación de la leyenda de las Gatas Carey.

Como veis, el eclipse ayudó al Sol a cumplir el mayor de sus deseos. Esa es la magia de estos momentos. Y a ti… ¿Qué te gustaría manifestar en los eclipses?

Gracias.

Las personas avanzamos y olvidamos nuestra historia. Es increíble la cantidad de problemas que nos ahorraríamos si mirásemos atrás y aprendiéramos de nuestros ancestros. En este espacio mezclaremos el folclore y la sabiduría ancestral con las técnicas y términos modernos con el fin de hacernos más conscientes de nuestro momento presente y de conocernos un poco más a nosotros mismos. Gracias.

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