La Mariposa y la Tormenta
Fábulas

La Mariposa y la Tormenta

La oruga vive pegada a la Tierra. Por eso se encierra y se vuelve crisálida. Solo así se transformará en mariposa.

Todo había comenzado con una pequeña brisa. Un viento del que muy pocos fueron conscientes. Después llegó la lluvia y con ella la Tormenta. Aquella tormenta que destrozaba todo a su paso. Aquella tormenta que traía el olor a muerte con ella. Traía el miedo.

Habían recomendado (más bien impuesto) el no salir. Por muy claro y sereno que se vieran los días, nunca se sabía cuando el viento atacaría. Sí. La Tierra parecía estar luchando contra aquellos que la poblaban, no tenía piedad. La Naturaleza estaba hablando y su mensaje era claro: Ahora os enseñaré quién tiene el poder, os toca sucumbir. Os toca encerraros. Os toca parar.

La Mariposa y La Tormenta

Cater, igual que muchos otros, había sido una de las afectadas. No podía salir, debía encerrarse y esperar. Pero… esperar ¿qué? ¿cómo sabía que lo peor ya había pasado? ¿cómo sabía que era seguro? Miró al exterior, como tantas otras veces durante ese periodo de encierro y luego, volvió a mirar al interior de su casa. Tan… vacía, en silencio, fría… Era como si nunca la hubiera visto y ahora que estaba obligada a quedarse allí solo podía centrarse en los defectos que poseía. Era más fácil mirar al exterior y contemplar aquellos vibrantes colores que traía la primavera.

El miedo, era común ahora. Antes era una emoción en la que ni siquiera reparaba, salvo en ciertas ocasiones. Ahora… Ahora la acompañaba en cada segundo de cada minuto del día. Al principio creía que era el miedo a la Tormenta. Después, se percató de que la Tormenta no era para tanto, que había que tener cuidado y respetar las nuevas normas, pero no había que temerle. Sin embargo, el miedo permanecía. Entonces, se dio cuenta de que su temor venía por no saber. No saber qué pasaría después. No saber cómo saldrían de aquello. No saber cómo sería la situación. No saber si sus familiares y amistades se varían afectados en algún momento. No saber… Su miedo era el miedo a lo desconocido. Ahí se dio cuenta de lo mucho que le gustaba el conocimiento. El saber qué iba a hacer luego, dónde iba a estar. El planificar…

Un momento, quizás debía ser más honesta, no era el conocimiento lo que le gustaba, era el sentirse en control. El tener el control. No recordaba la última vez que había dejado que la vida la sorprendiera… Ni siquiera, recordaba cuando había sido la última vez que había salido a la calle con el disfrute como único objetivo. Sin mirar horarios o tiempos. Simplemente, caminar y sentir. Siempre decía que lo haría más tarde… Ahora, quizás, ese “más tarde” nunca llegaría.

Le fascinaba como este tiempo se le estaba haciendo eterno y, al mismo tiempo, la hacía reflexionar. Se había hecho consciente de lo afortunada que había sido de poder disfrutar del mundo exterior, de tener la libertad de ir a donde deseara, cuando lo deseara. De poder moverse por el mundo libremente. Encontraba cruel y malvado el hecho de tener todo el tiempo que quisiera pero tener que quedarse allí, confinada. Sin nadie a su alrededor. Su único contacto con el exterior estaba siendo por aquella pequeña ventana que le permitía saber cuándo brillaba el Sol y cuándo reinaba la Luna.

La Mariposa y la Tormenta

Cuando el miedo parecía comenzar a disiparse, la ira comenzó a cobrar un papel protagonista. Ira contra todo, contra ella misma. Ira por no estar siendo “productiva”, por no hacer cosas con el tiempo dado, pero, sobre todo ira por haber dado por sentadas ciertas cosas que ahora parecían imposibles… como, por ejemplo, los abrazos. O el sonido de las carcajadas que ella misma había provocado. Cosas como la compañía de otros o la libertad. Había tantos lugares que siempre había querido visitar y nunca lo había hecho. Lo posponía, a un mañana que nunca llegaba. Para ella, ese mañana, esa posibilidad, siempre había estado ahí. Y ahora, ahora se daba cuenta de lo ingenua que había sido. Ella no poseía el mañana, no era suyo para planificar. Solo tenía ese momento y lo había desperdiciado en hacer cosas que ni siquiera le gustaban por el sentido del deber.

Ahora no podía salir de aquellas cuatro paredes que conformaban su hogar y se preguntaba si realmente había valido la pena realizar tantos sacrificios. El posponer aquellos viajes, planes, disfrute por el trabajo o el dinero. Estaba tan enfadada consigo misma por haber dejado pasar tantas oportunidades y todo ¿para qué? La respuesta se le antojaba bastante clara: Para nada. ¿De qué le servía el poseer si no podía disfrutar de ello?

El suspiro que acompañó estos pensamientos resonó en toda la habitación. El silencio estaba acabando con ella. ¿Cómo era posible que la irritara tanto como el sonido caótico de la ciudad? Parecía volverla loca. No. No era el silencio. Era la soledad. Echaba de menos el ver gente a su alrededor. El escuchar a la gente reír, gritar, hablar… Echaba de menos el sentirse sola en mitad de la multitud porque, por muy sola que se sintiera, a veces encontraba una cara amiga entre el gentío. Una sonrisa amable. Al menos tenía contacto con otros. Ahora, ni siquiera tenía eso. Y por mucho que siempre dijera que no necesitaba a nadie… Lo añoraba y más que enfadarla… lo que sentía en su interior era una tristeza profunda que desgarraba su alma.

Y nuevamente, al igual que había pasado con el miedo, Cater se dio cuenta de que no, no era rabia o ira lo que sentía en su interior. Lo que realmente sentía era tristeza. Tristeza por los planes que nunca hizo, por la gente que nunca conoció, por no haber sido lo suficientemente valiente como para abrir su corazón a otros. Tristeza por todo lo que no había hecho por pensar que habría un mañana.

 Y lloró.

Y aceptó.

Y Se perdonó.

Al mirar su pequeña casita, ya no la vio tan terrible como al principio. El Sol brilló a través de su ventana e iluminó la estancia haciendo que cobrara vida de nuevo. Se había hecho consciente de sí misma, de su ser, de su presente. No iba a seguir viviendo en un futuro que no poseía. No daría la cosas por sentadas… les daría su valor y estaría agradecida por poder vivirlas.

Su metamorfosis había concluido. Se había transformado en mariposa.

La oruga vive pegada a la Tierra. Se alimenta y acumula esperando cambiar hasta que se da cuenta de que la verdadera transformación no se basa en el tener o en el mundo exterior. Se basa en ella misma, en conocerse. Por eso se encierra y se vuelve crisálida. Solo cuando se conozca y se acepte por completo le saldrán alas para surcar los cielos y seguirá teniendo patas para anclarse a la Tierra. Solo así se transformará en mariposa.

A veces la oruga necesita que la tormenta le recuerde que necesita hacer para volverse mariposa.

Información Adicional

Si sientes curiosidad por saber que hay tras “la Mariposa y la Tormenta” y cuál es la explicación que tiene, no lo dudes y visita este video.

Siéntete libre de seguirme en mis redes sociales, me encontrarás como @Marysplaces en todas ellas.

Muchas gracias por decidir leer esta historia. Si te ha gustado o quieres compartir alguna reflexión sobre “La Mariposa y la Tormenta” ¡no lo dudes! Deja un comentario y compártela en tus redes sociales, me harías un gran favor ¡Gracias!

¿Te gustaría leer más fábulas e historias? Pincha aquí para descubrir todo un nuevo mundo

Las personas avanzamos y olvidamos nuestra historia. Es increíble la cantidad de problemas que nos ahorraríamos si mirásemos atrás y aprendiéramos de nuestros ancestros. En este espacio mezclaremos el folclore y la sabiduría ancestral con las técnicas y términos modernos con el fin de hacernos más conscientes de nuestro momento presente y de conocernos un poco más a nosotros mismos. Gracias.

8 Comments

  • Andrea S

    La historia me ha hecho sentir muchas cosas … me ha hecho conectar con todos los sentimientos q tenia la oruga y me ha aliviado cada aprendizaje q venía detrás . Gracias

  • Isabel Alcántara

    Precioso maria!!!! En estos tiempos que corren es una fábula muy acertada. La historia es maravillosa y la combinación que has hecho con el audio ha sido increíble. Enhorabuena porque nos haces reflexionar una vez más en estos momentos quienes queremos ser. Gracias, gracias, gracias. Namaste.

  • Maca Ramírez

    Me ha encantado y opino lo mismo es un tiempo de transformación que tras tanta tormenta se esconde un camino de luz que emanará de nosotros.

      • Rosi

        En el silencio de la soledad y el reconocimiento de la verdad en nosotr@s mism@s, sin ruidos ni mentiras aprendidas de fuera, es donde descubrimos que las alas estaban adheridas en el alma y, en el momento que expresamos la verdad de nuestros miedos liberandonos, es cuando las alas se abren con su fortaleza iluminada dispuestas a volar alto y, tocar tierra solo cuando deseamos conectar con amor, sin necesitar nada ni a nadie para elegir existir…

        Shekinah hermosa hada de la soledad y el silencio¡¡ Felicidades por Ser y Estar

        • Mary

          Es precioso lo que escribes Rosi! Tienes toda la razón, en silencio y soledad es cuando conectamos con nuestro propio ser si nos damos la oportunidad de abrazar y aceptar nuestros miedos y emociones! Shekinah!

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: